Todas sabemos que seguir una rutina diaria de limpieza, tonificación e hidratación de la piel es básico si queremos conseguir una tez con aspecto saludable y sin imperfecciones. Pero de nada sirve seguir estos pasos si lo hacemos con productos que no se adecuen a nuestro tipo concreto de piel. Por ello, es básico que antes de buscar el producto adecuado tengamos claro cual es nuestro tipo de piel.
La piel normal es aquella que se encuentra en equilibrio entre la grasa y la sequedad. Es un tipo de piel que no suele presentar muchos problemas, ya que no le suelen aparecer imperfecciones. Para su limpieza se recomienda una crema limpiadora suave y una leche desmaquillante.
La piel seca es la más delicada y se irrita fácilmente, sobretodo a temperaturas bajas. Se debe tratar con leche limpiadora y nunca se debe prescindir de suhidratación. Quedan prohibidos los productos con alcohol.
En el otro extremo está la piel grasa, que en su carta de presentación suele mostrar imperfecciones, como espinillas o puntos negros. Siempre se debe tratar con productos libres de aceites, para evitar la aparición de brillos. Aun así, no puede descuidar la hidratación, que se deberá llevar a cabo con productos matificantes.
El último tipo de piel es el cutis mixto, que se podría definir como una mezcla de los dos tipos anteriores. Se caracteriza por la secreción de sebo en la zona T (frente, nariz y barbilla) y la sequedad en mejillas. Se debe tratar con productos específicos para este tipo de piel, que ayuden a la piel a encontrar el equilibrio a un cutis que es seco y graso a la vez.
